Causa más de 2.300 muertes al año en Argentina y suele detectarse de manera incidental, sin síntomas iniciales claros, lo que lo convierte en uno de los tumores más desafiantes para la medicina moderna
El cáncer de riñón causa más de 2.300 muertes al año en Argentina y suele detectarse de manera incidental, sin síntomas iniciales claros, lo que lo convierte en uno de los tumores más desafiantes para la medicina moderna.
En el Día Mundial del Cáncer de Riñón, que se conmemora este jueves 18 de junio, las estadísticas sanitarias estiman que en el país aparecen 4.908 nuevos casos anuales, con una prevalencia marcada entre varones: casi 7 de cada 10 diagnósticos corresponden a hombres, según datos del Global Cancer Observatory de la Organización Mundial de la Salud.
En este contexto, la ciencia avanza con nuevos enfoques terapéuticos y las instituciones médicas insisten en la importancia de la prevención, el control y el acompañamiento del paciente.

El cáncer de riñón, en la mayoría de los casos, puede crecer durante años sin provocar síntomas evidentes.
“A menudo, su hallazgo ocurre por casualidad, a partir de una ecografía, tomografía o estudio abdominal solicitado por otra causa. Esta característica lo distingue de otros tumores, ya que la oportunidad de detectarlo depende en gran medida de la consulta médica, la evaluación de factores de riesgo y la atención ante síntomas que no deben minimizarse”, explicó a Infobae la doctora Andrea Marchioni (MN 135102), Coordinadora del Instituto de Oncología del Hospital Alemán.
La incidencia de la enfermedad parece estar en aumento, en parte porque el uso más frecuente de técnicas de imagen permite descubrir tumores renales aún pequeños y localizados. “A diferencia de otros cánceres más instalados en la conversación pública, el cáncer de riñón suele tener menor visibilidad. Sin embargo, sus cifras muestran que se trata de una enfermedad relevante y que merece más atención”, sostuvo Marchioni.
Síntomas, factores de riesgo y la importancia del diagnóstico temprano

La etapa inicial del cáncer de riñón transcurre casi siempre sin signos o síntomas. Cuando avanza, pueden aparecer sangre en la orina, dolor persistente en la espalda o en el costado, pérdida de apetito, cansancio, fiebre o pérdida de peso sin causa aparente.
La sangre en la orina es uno de los signos que más debería llamar la atención. Aunque también puede asociarse a infecciones urinarias, cálculos o condiciones benignas, su presencia siempre requiere una consulta médica. El dolor lumbar persistente, la pérdida de peso involuntaria o la aparición de una masa abdominal tampoco deben ignorarse.
Muchos de estos síntomas pueden confundirse con dolencias habituales o atribuirse al cansancio, dolores musculares o molestias pasajeras. Por eso, uno de los mensajes centrales para la comunidad es que consultar a tiempo, ante síntomas persistentes o inexplicados, puede abrir una oportunidad de diagnóstico temprano y tratamiento oportuno.

El cáncer de riñón no tiene una única causa. Suele desarrollarse por una combinación de factores, algunos no modificables como la edad avanzada, antecedentes familiares o ciertos síndromes hereditarios, y otros vinculados a hábitos o condiciones de salud que sí pueden controlarse.
“El 90% de los tumores malignos de riñón se debe al carcinoma de células renales. Es un tipo de cáncer con mayor incidencia en hombres, pero también con una fuerte presencia según la edad. Si bien hay factores de riesgo que no podemos modificar -como la edad- hay otros que debemos tener en cuenta para disminuir el riesgo”, explicó a Infobae el doctor Carlos Silva, jefe oncológico del Hospital Británico.
Entre los factores de riesgo figuran el tabaquismo, la obesidad, la presión arterial alta, los tratamientos prolongados de diálisis y los antecedentes familiares. El tabaquismo, por ejemplo, incrementa en un 50% el riesgo del carcinoma de células renales en hombres y en un 20% en mujeres. También se consideran factores de riesgo la exposición a agentes carcinógenos como el cadmio y ciertas condiciones genéticas como la enfermedad de von Hippel-Lindau.
Diagnóstico, estadificación y nuevas opciones terapéuticas

El diagnóstico del cáncer de riñón suele comenzar con estudios por imágenes. La ecografía abdominal puede ser una primera herramienta de detección, mientras que la tomografía computada y la resonancia magnética permiten precisar el tamaño, localización y extensión del tumor. En algunos casos se realiza una biopsia renal, aunque no siempre es necesaria. Una vez detectado el cáncer, el siguiente paso es determinar su estadio. Los estadios van del I al IV: los más bajos indican que el cáncer se limita al riñón, mientras que el estadio IV implica afectación de ganglios linfáticos o metástasis en otros órganos.
El tratamiento suele comenzar con la cirugía. En tumores localizados, la nefrectomía parcial o total busca extirpar el cáncer preservando la mayor función renal posible. La cirugía conservadora de riñón es preferida cuando es factible, sobre todo si el paciente tiene un solo riñón o tumores pequeños. En casos avanzados o metastásicos, la cirugía puede combinarse con otros tratamientos para eliminar la mayor cantidad posible de tejido tumoral.
Las terapias no quirúrgicas incluyen la crioablación (congelación del tumor) y la ablación por radiofrecuencia (calor). Estas técnicas pueden ser opción para pacientes con tumores pequeños o que presentan contraindicación para cirugía.

En la última década, el avance en tratamientos sistémicos revolucionó el manejo del cáncer renal avanzado. La inmunoterapia y las terapias dirigidas se integraron al arsenal terapéutico.
“La inmunoterapia busca estimular al sistema inmune para que reconozca y ataque las células tumorales. Las terapias dirigidas, por su parte, actúan sobre mecanismos específicos que el tumor utiliza para crecer, multiplicarse o formar nuevos vasos sanguíneos. En la práctica clínica actual, estas estrategias se combinan según las características del paciente y de la enfermedad”, sostuvo la doctora Marchioni.
Recientemente se conoció la noticia de que un fármaco experimental logró eliminar por completo el subtipo más común y agresivo de cáncer renal, el carcinoma de células claras, en un paciente. El tratamiento, desarrollado por un equipo de investigadores estadounidenses y publicado en Cell Reports Medicine, se centró en inhibir la proteína hematopoyética progenitora quinasa 1 (HPK1), uno de los “frenos” naturales del sistema inmunitario.
El ensayo incluyó a más de 100 pacientes con tumores resistentes a terapias habituales y registró actividad antitumoral en 22 personas con carcinoma renal de células claras: una logró la remisión completa, dos redujeron significativamente el tumor y tres estabilizaron la enfermedad durante hasta 25 meses.

David Braun, oncólogo y coautor principal, explicó que el nuevo fármaco “actúa desactivando los frenos inmunológicos de las células T”. A diferencia de otras opciones, este compuesto penetra en la célula y bloquea HPK1, incrementando la capacidad de respuesta inmunitaria contra el cáncer. “Hemos estudiado una población muy difícil de tratar. Que este fármaco sea activo clínicamente y produzca ciertas respuestas resulta prometedor”, afirmó Braun.
Impacto emocional, prevención y el desafío de la visibilidad
El impacto emocional del cáncer de riñón es profundo y a menudo invisible. La encuesta global de la Coalición Internacional contra el Cáncer de Riñón (IKCC) reveló que el 85% de los pacientes siente un fuerte impacto emocional tras el diagnóstico.
Entre las principales preocupaciones figuran la ansiedad (50%), el miedo a la recurrencia (49%), la tristeza o depresión (36%) y el temor a morir (35%). Un dato preocupante es que entre el 40 y el 66% de los encuestados no comentó su malestar emocional con los profesionales de la salud ni accedió a herramientas para gestionar el impacto.

“Esta encuesta nos muestra la importancia de escuchar a los pacientes, indagar sobre sus preocupaciones para mejorar su bienestar general y alentarlos a buscar apoyo psicológico si fuera necesario”, concluye el doctor Silva. Enfatizar el acompañamiento emocional y la comunicación es clave para la calidad de vida y la adherencia al tratamiento.
En la prevención, existen medidas sencillas que pueden impactar en la salud general y en los factores de riesgo: evitar el tabaquismo, mantener un peso saludable, controlar la presión arterial, realizar actividad física y sostener una alimentación sana. Los controles médicos periódicos, aun en ausencia de síntomas, permiten detectar problemas en etapas más tempranas.
El cáncer de riñón presenta desafíos particulares por su carácter silencioso y su baja visibilidad pública, pero la investigación y la innovación terapéutica abren nuevas perspectivas.
La detección precoz y la atención integral, que abarquen tanto el tratamiento físico como el acompañamiento emocional, pueden marcar la diferencia para miles de pacientes cada año. La esperanza, en este terreno, avanza de la mano de la ciencia y el compromiso de los equipos de salud.

