Tras la ola polar, postales irrepetibles de sierras y cerros revelan la asombrosa perfección de la naturaleza bajo el cielo de julio.
El invierno profundo se hizo sentir con el rigor de una masa de aire gélido que recorrió el país, pero en el suelo puntano el frío polar trajo consigo un milagro visual. Cuando los rayos del sol finalmente rasgaron el cielo limpio, La Carolina se despertó convertida en un lienzo de belleza inabarcable, donde las imágenes capturadas parecen desafiar la realidad misma.




