Confiaron el cuidado de sus mascotas mientras viajaban y terminaron regresando para despedirlas. Aseguran que nunca recibieron explicaciones claras sobre lo sucedido.
Lo que debía ser un viaje para descansar terminó convirtiéndose en una de las experiencias más dolorosas de su vida. Nicolás Talimoniuk había decidido dejar a su perra de 10 años en una guardería canina de Villa Mercedes mientras recorría el norte del país, convencido de que era la mejor alternativa para evitarle el estrés del traslado. Sin embargo, una semana después recibió un llamado que cambió todo: el animal había muerto.
A casi dos semanas de lo ocurrido, todavía le cuesta encontrar explicaciones. Entre la angustia y el arrepentimiento, decidió contar públicamente su historia, con el objetivo de que “ningún otro dueño atraviese una situación similar”.
“Lo que busco es visibilizar lo que me pasó para que no le pase a nadie más. Si alguien tiene una mascota, sabe el vínculo que se genera con el paso de los años y el dolor que provoca perderla de esta manera”, expresó en diálogo con El Chorrillero.
Contó que conoció la guardería “Huellitas”, a través de las redes sociales, donde se promocionaba como un espacio que cuidaba a los animales “con amor”. Tras comunicarse con la responsable, Marisel Becerra, acordó el servicio y dejó allí a su perra “Chiquito” antes de emprender las vacaciones. La decisión surgió porque no quería exponerla a un viaje largo ni comprometer a vecinos con el cuidado de su casa.
“Estoy profundamente arrepentido. No hay un minuto en el que no me cuestione la decisión que tomé”, reconoció.
El llamado llegó cuando se encontraba en Purmamarca, Jujuy. Del otro lado del teléfono le informaron que su mascota había fallecido, aunque, según aseguró, recibió “pocas explicaciones” de Becerra sobre lo ocurrido.
“Cuando empecé a preguntar qué había pasado, me dijo que también estaba mal y prácticamente se terminó la conversación. Lo único que tengo es un certificado veterinario que habla de una presunta intoxicación con monóxido de carbono, mientras que ella me habló de una fuga de gas. Sea una cosa o la otra, para mí hubo negligencia”, sostuvo.
La noticia puso fin de inmediato a sus vacaciones. Suspendió todas las actividades que tenía programadas y regresó manejando hasta Villa Mercedes, con el objetivo de despedirse de la compañera y amiga que estuvo con él durante una década.
“Fue una tortura. No podía dormir, solo quería volver para buscarla y darle un cierre. Cuando llegué era un bulto. Estaba envuelta con las mantas que yo mismo le había dejado junto con sus juguetes, la comida y todas sus cosas. Tuve que cargar su cuerpo, para después enterrarla. Es una imagen que no se la deseo a nadie”, sostuvo.
La historia con su perra había comenzado en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, de donde es oriundo, y juntos se mudaron a la ciudad hace seis años. La encontró abandonada en la calle, y no dudó en llevársela a su hogar. Tiempo después sufrió el robo del animal y movió cielo y tierra para recuperarlo.
“Era una compañera de vida. Hay personas que generan un vínculo muy profundo con sus mascotas y yo soy una de ellas. A veces hasta más fuerte que con algunos familiares. Solo quienes tienen animales pueden entender lo que significa perderlos así”, comentó.
Talimoniuk no fue el único afectado. Según indicó, otra clienta también perdió a su perro “Black” durante el mismo episodio, mientras que otros dos animales que también murieron pertenecían a la propietaria del lugar. Ambos damnificados radicaron la denuncia para que se avance con una investigación.
“No pretendo decir que todas las guarderías sean iguales, porque seguramente hay gente muy responsable que trabaja de esto. Mi intención es generar conciencia. Antes de dejar una mascota al cuidado de terceros hay que averiguar, preguntar e investigar bien. Nadie la va a cuidar mejor que uno mismo”, concluyó.

