Tras permanecer internado en el Hospital Italiano, el músico dejó este mundo a los 81 años. Pionero de la canción de protesta, cronista de lo cotidiano y embajador cultural en el continente, su partida provocó una conmovedora ola de despedidas entre colegas, instituciones y fanáticos.
Hay voces que no se apagan; simplemente cambian de escenario. A sus 81 años, la partida del cantautor ítalo-argentino Piero Antonio Franco De Benedictis no representa un silencio definitivo, sino el eco imborrable de una de las bandas sonoras más profundas, humanas y comprometidas de la canción popular latinoamericana. Piero falleció este miércoles 7 de octubre tras permanecer internado en el Hospital Italiano de Buenos Aires, dejando el abrazo eterno de una obra que educó la sensibilidad de varias generaciones.
Nacido en la italiana Gallipoli en abril de 1945, llegó a la Argentina con apenas tres años para afincarse entre la calidez popular de Banfield y los horizontes inmensos de Allen, en Río Negro. Fue allí donde moldearía una identidad que amalgamaba la memoria del migrante, las dudas vocacionales de su paso por el seminario y un amor fuerte por la música.
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La poesía de lo cotidiano y la explosión de un clásico universal
Si la música popular argentina tiene sus mojones sagrados, 1969 guardará para siempre el encuentro entre Piero y el periodista y poeta José Tcherkaski. Juntos crearon una alquimia artística determinante. De esa dupla nació «Mi viejo», una pintura entrañable sobre la vejez, el dolor del paso del tiempo y la figura paterna.
¿Quién no vio la sombra cansada de su propio padre reflejada en esa letra? «Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando…» no fue solo un éxito radial; se convirtió en una oración laica para toda Hispanoamérica. A esa consagración inicial le siguieron piezas inolvidables como «Pedro Nadie» -que le valió en 1970 el primer puesto y los tres Gallos de Oro en el «Festival Internacional da Canção de Río de Janeiro»-, «Llegando llegaste» y «Juan Boliche». Incluso el cine lo convocó para encarnar a un joven cura cantor en «El profesor patagónico», junto al ícono del cine Luis Sandrini.
El exilio y el arado en la tierra
Con la llegada de los años 70, la mirada de Piero viró hacia un compromiso social e ideológico explícito. Álbumes como «Coplas de mi país» (1972) y «Para el pueblo lo que es del pueblo» (1973) le pusieron su voz a las luchas, las desigualdades y la violencia política. Obras como «Los americanos» o «Que se vayan ellos» lo erigieron en uno de los principales referentes de la canción de protesta.
Esa postura tuvo consecuencias drásticas: persecuciones, intentos de secuestro y el posterior exilio ante el golpe militar de 1976. En España e Italia no solo buscó refugio, sino también una reconexión con la tierra. Dedicó años al trabajo agrícola rural en una huerta orgánica cerca de Madrid, alejándose temporalmente del frenesí escénico pero germinando allí las canciones que darían vida al icónico «Y mi gente dónde va».
Su retorno a la Argentina en 1981 con las míticas presentaciones de «Calor humano» representó un bálsamo y un hito de resistencia cultural cuando el régimen militar entraba en su etapa final.
La fraternidad musical, la niñez y el compromiso ambiental
La trayectoria de Piero se caracterizó por una constante generosidad artística y social. Su fructífera carrera incluyó colaboraciones entrañables y escenarios compartidos con leyendas de la talla de Mercedes Sosa, León Gieco, Fito Páez, Lito Vitale, Pablo Milanés, Juan Carlos Baglietto y Marilina Ross, entre otros. En el año 2016, la Academia Latina de la Grabación le otorgó el Latin Grammy a la Excelencia Musical, en justo reconocimiento a una vida entregada al arte popular.
A la par de sus grandes himnos sociales, su sensibilidad encontró un cauce inolvidable en el mundo infantil. «La sinfonía inconclusa en la mar» se convirtió en un clásico que Piero continuaba llevando al escenario en giras recientes por Colombia, país con el que mantuvo una relación de afecto mutuo que lo llevó a adoptar la nacionalidad colombiana en 1994 y a ser nombrado Embajador de la Paz. Esa vocación integradora se tradujo también en acción comunitaria mediante la Fundación Buenas Ondas y la creación de granjas educativas y ecológicas para jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Hasta en sus últimos días su voz continuó sorprendiendo: apenas semanas atrás celebraba alegremente cómo la casa de moda Yves Saint Laurent utilizó su tema en italiano «Io vengo» para musicalizar el desfile de su colección en París, confirmando una vigencia poética que ignora fronteras y géneros.
Muestras de dolor y tributos en las redes sociales
La confirmación de su partida provocó una ola instantánea de mensajes y condolencias que inundaron las plataformas digitales de instituciones culturales, colegas, familiares y seguidores.
A través de la cuenta oficial de Instagram de Piero, sus allegados compartieron un sentido texto de despedida para comunicarle la triste noticia a su público: «Con profundo dolor, comunicamos el fallecimiento de nuestro querido Piero, a sus 81 años. Su voz, sus canciones y su mensaje de paz quedan para siempre con nosotros. Su luz va a seguir brillando en cada rincón donde su música siga llegando. Su familia y amigos, agradecemos los saludos. Buen viaje querido Piero».
En el ámbito institucional, el Instituto Nacional de la Música (INAMU) y diversos espacios culturales de la región expresaron su profundo pesar por la pérdida de un referente indispensable de la canción popular. En sus mensajes destacaron su huella imborrable a través de composiciones que forman parte del patrimonio cultural como «Soy pan, soy paz, soy más», «Mi viejo» y «Para el pueblo lo que es del pueblo».
El abrazo de sus compañeros de ruta no tardó en llegar. Artistas de la trova, el folclore y el rock nacional -como León Gieco y Víctor Heredia, con quienes compartió incontables escenarios- expresaron sus saludos y «abrazos al cielo», evocándolo como el gran juglar de nuestro tiempo. Del mismo modo, los integrantes de su banda histórica, encabezada por Cacho Aiello, manifestaron su profunda tristeza por la partida de un amigo entrañable y generoso.
Ese sentimiento de pérdida se extendió por todo el continente. En países como Colombia y a lo largo de toda América Latina, miles de seguidores volcaron anécdotas y reflexiones personales en las redes, definiendo su repertorio como la banda sonora de sus vidas y destacando un mensaje de paz y coherencia que permanecerá inalterable.
Piero De Benedictis emprendió su viaje caminando despacito, como aquel viejo entrañable al que le cantó con el alma. Nos queda el eco de su voz franca, la convicción de que la música puede ser un refugio de paz y solidaridad, y la certeza entrañable de que su obra seguirá latiendo en la memoria colectiva de América Latina.

