Una de las mujeres que intentó matar a una jueza pasará su prisión domiciliaria en la libertad de un campo

Redaccion
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El 12 de diciembre el juez de Villa Mercedes Alfredo Cuello resolvió que las hermanas Melisa y Érica Bulacio casi asesinaron a golpes, patadas y pedradas a Dalia Rivera, la jueza de Paz de Buena Esperanza. Asimismo, las dejó en libertad. Otro tribunal luego decidió que, al menos, Melisa debía estar en el penal y hacia allá la envió. Este lunes Cuello la benefició. En pocas palabras, la sacó de la cárcel y le permitió sobrellevar la prisión preventiva en el aire puro de una estancia.

Dalia Rivero, la jueza de Paz de Buena Esperanza, está viva y sin complicaciones que le impidan de momento trabajar. Pero periódicamente tiene que hacerse estudios neurológicos. La pedrada que le dieron en la cabeza con una llamada “piedra bola” y las patadas en esa zona no la mataron o la dejaron cuadripléjica porque, en verdad, hay hechos que no cuadran en una explicación regida por la lógica. Está de pie y operativa de milagro. Pero más inexplicable que eso fue la decisión que el juez de Garantías 1 de Villa Mercedes, Alfredo Cuello, resolvió respecto a las dos mujeres que atacaron de semejante manera a su colega. Reconoció que deben estar imputadas por intentar asesinar a la magistrada, pero a su vez dijo que no veía “la solidez suficiente” como para probar que realmente quisieron matarla. Por eso no las envió al penal, como habían pedido los fiscales y el abogado de la víctima, las dejó libres, con la condición de que no traten acercarse unas a otras.

La decisión de Cuello fue lo más comentado en los pasillos de los tribunales de la Segunda Circunscripción esa semana. Ningún abogado penalista ni de otro fuero podía creer ni mucho menos entender el fallo, aunque triste e increíblemente fue algo que tampoco les sorprendió. Entre los jueces de primera instancia, Cuello siempre se las ingenió para sobresalir con resoluciones del estilo, además, de empeñarse en la redacción de las mismas, para hacerlas las más floridas posible; el lenguaje jurídico, para él parecen ser, son dos puntos aparte.

Obviamente los fiscales José Olguín y Marcelo Palacio y el abogado querellante Germán Anabitarle, después de cerrar las bocas que les había dejado abiertas del asombro de tan desconcertante fallo, no se quedaron con eso. Plantearon ante un Tribunal de Impugnación que las livianas medidas adoptadas por el magistrado fueran revisadas.

El juez de Garantías 1 de Villa Mercedes, Alfredo Cuello (izq.). Primero liberó a ambas acusadas y luego benefició a una con una prisión domiciliaria.

Una de cal y otra de arena. El lunes 29 de diciembre el Tribunal, conformado por Hernán Herrera, María Monserrath Bocca y Marcelo Bustamante Marone, le dio la derecha a medias a la Fiscalía y a la querella. Ordenó para Melisa Bulacio la prisión preventiva por 60 días; pero no dispuso cambios respecto a su hermana Érica, ella podía seguir libre con la sola condición de mantenerse a más de 200 metros de distancia de Rivero, en una localidad tan pequeña como Buena Esperanza.

Las hermanas que se hicieron famosas en toda la provincia, porque luego de darle tremenda paliza a la jueza, a una de ellas se le iluminó aún más la mente y tuvo la brillante idea de autoincriminarse, difundiendo por redes sociales y mensajes de WhatsApp lo felices que estaban de haber atacado a la letrada que, según la Bulacio detenida, mantuvo un romance con su pareja. Las imputadas se jactaban a risas de la golpiza, mostraron los cabellos que le arrancaron a la víctima, cómo le destrozaron su flamante auto, entre otras fotos en las que una de ellas levantaba una copa brindando por ese cuasi femicidio con sabor a gloria. También viralizó en el pueblo una serie de audios en los que habló de manera increíblemente denigrante hacia Rivero, refiriéndose y riéndose de sus genitales. Pequeños grandes detalles por los que hubiera resultado más coherente imputarles una tentativa de femicidio y no de homicidio.

Ambas están imputadas por “daños” y “homicidio en grado de tentativa”. Sobre la Bulacio a la que le dictó el encarcelamiento preventivo, el tribunal argumentó que “existen elementos suficientes para sostener que el delito investigado se cometió, y que la co imputada intervino en el hecho”. Respecto a la otra acusada, casi en sintonía con Cuello, concluyó que “el estándar probatorio no resulta lo suficientemente sólido en cuanto a su intervención en los hechos como co autora”.

Cuello no se rinde y redobla la apuesta

Ese lunes del fallo del tribunal o el día siguiente, no pudo precisar Anabitarte, Melisa Bulacio fue trasladada al Servicio Penitenciario de San Luis. Allí estuvo apenas una semana, hasta hoy (lunes). En una nueva audiencia y en un segundo fallo, el juez de Garantías 1, de alguna manera, llegó para retirar a Bulacio de la penitenciaría.

Resolvió mantener el encierro preventivo por los dos meses fijados por el Tribunal de Impugnación, pero cambió drásticamente el escenario. Decidió que la medida de coerción sea de carácter domiciliario, en un campo ubicado a unos 80 kilómetros de Buena Esperanza.

El campo existe. Se llama “San Cristóbal” y su dueño prestó su conformidad para que la imputada y su familia cumpla la prisión preventiva allí. Este mismo lunes, la mujer se mudaría con sus hijos a la estancia rural. “Yo ya interpuse un recurso de revisión y ahora me voy al Tribunal de Impugnación para ver si se puede revertir esa medida”, comentó Anabitarte, poco esperanzado.

Será un encarcelamiento entre comillas. Todas las mañanas podrá levantarse y respirar el aire puro del campo y goza de toda la libertad de moverse por el casco de la estancia. Si bien en ese tipo de medidas la Justicia sostiene que realizarán controles en días y horarios inesperados para constatar que la imputada no viola el beneficio, en la práctica tal vigilancia no es efectuada ni siquiera en una ciudad, tanto menos en un campo del sur de la provincia. Estará allí, en principio, hasta el 1° de marzo.

Con relación a la otra imputada, Anabitarte es consciente de que lo que pueden lograr en este estadio es poco y nada, porque la resolución de que continúe libre fue confirmada por los otros tres jueces.

“La cara llena de sangre tenía (…) auxilio decía la ridícula”

La jueza de Paz le contó a esta periodista que sufre el hostigamiento no solo ella, sino su círculo familiar y su entorno hace dos años. Relató que la pareja de Melisa realizó algunos trabajos de albañilería en su casa. Es un hombre que la magistrada conoce de toda la vida, dado que ha hecho varios trabajos hasta con su hermano electricista. Pero, de acuerdo a lo que narró, a Bulacio comenzó a carcomerle la cabeza la idea, la seguridad plena, de que Rivero tenía un romance con su marido.

En este par de años, dijo, que sufrió de todo. Ataques, insultos en la calle, amenazas a ella y a su hija. Relató que recién en el 2024 logró de parte de la justicia, la misma institución de la que forma parte, que adoptara una medida: apenas una restricción de acercamiento recíproca, como si Rivero tuviera intención de arrimársele a la otra mujer. La prohibición devino porque Bulacio se presentó en el Juzgado, armada con un palo y empezó a golpear la oficina vidriada de la víctima, que había cerrado la puerta con llave. Ella y su secretaria veían cómo la otra mujer, fuera de control, descargaba su bronca e intentaba romper “la pecera” de su despacho.

Pero el ataque al que no pudo hacer más oídos sordos la Justicia ocurrió el 3 de diciembre. Rivero fue hasta un lavadero a buscar su auto cero kilómetro, que se había comprado hacía 20 días, cuando volvía hacia el juzgado, le lanzaron una enorme roca que le estampó un gran cráter en el parabrisas. Sin dudas fue dirigida hacia la conductora, pues a ese lado apuntaron.

En un hilo de tres audios de WhatsApp que sonaron en cada celular de Buena Esperanza la propia Melisa narraba orgullosa, con carcajadas de por medio, festejando cómo fue la paliza que le dio a la abogada. La imputada, al inicio de ese primer mensaje buscó justificar tan salvaje agresión, relataba que la damnificada pasó en su coche, con el vidrio bajo, le gritó “sapa cor…” y subió la ventanilla. “Entonces, ahí agarré una piedra y se la tiré al auto, le reventé el auto. Ahí la agarré de los pelos, la saqué de los pelos”, detalló feliz en ese intercambio de chats que mantenía con otra mujer, a la que identificaba como “bol…”.

“Sí, frenó, frenó porque yo le rompí el vidrio, bol… Sí, la cag… a piñas afuera, en el piso, y se subió al auto y la volví a cag… a trompadas por la cara. La cara hinchada tenía, llena de sangre tenía. No sé qué hice la verdad, de dónde saqué tanta fuerza. Pero la hice bos..”, contaba, sin salir de su asombro y contenta de que esa potencia física le floreció en ese momento tan pertinente para ella.

“La llené de tierra, la cag… a patadas. ‘Me destruiste el auto’, me dice. ‘Y vos que destruiste a mi familia, hija de mil p…’. ‘¿Y quién se ríe ahora?’. ‘Jajaja’, le decía yo. Y le daba, viste. Le rompí los anteojos. Y buscaba el celular desesperada para llamar a alguien y no se lo dejé agarrar. Pedía auxilio la tarada. Hasta que llegó el Daniel, que justo iba pasando y me sacó. Pero tampoco me podía tener el Daniel. ‘Pará, pará, que te van a denunciar’, me decía. ‘Qué me importa a mí’, le dije. Y ella le decía cosas a la Érica, porque estaba la Érica. Pero la Érica estaba acá adentro, pero estaba con el bebé”, dijo en el segundo audio.

“La cara llena de sangre tenía, la cag… a trompadas por la cara, le arranqué los pelos, la saqué del auto y la revolqué acá”, aseguraba en un último mensaje de voz. Estaba muy orgullosa de haberle pateado y tapado de tierra la entrepierna, afirmaba en ese tercer audio.

Una de las tantas imágenes que publicó en los estados de sus redes sociales y WhatsApp, sin termo a ninguna represalia, como si fuera intocable, escribió: “después de la revolcada que le dí….Jajajaja y quiere más parece” y en otra parte de ese mismo posteo festejó como si hubiera ganado el Mundial de Fútbol: “Bien que lloraba por los daños materiales… Jajajaja y pedías por favor que no te pegara, ajajajaj. Auxilio, decía la ridícula”.

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