Lo acusan de haber estafado ocho veces a comerciantes

Redaccion
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Según la investigación, Roberto Daniel Kifer se p

A Roberto Daniel Kifer la Justicia de Villa Mercedes lo buscaba desde hacía más de un año. Primero, lo hicieron por las buenas, citándolo a que se presentara a la audiencia porque era investigado no por una, sino por varias estafas.

A sabiendas de que lo llamaban por un combo de delitos penales, que podían valerle la cárcel, nunca compareció en el juzgado. De acuerdo con la hipótesis del fiscal de instrucción 1, Maximiliano Bazla Cassina, durante el 2024 se cansó de engañar a comerciantes de todos los rubros en la ciudad. Hasta se dio el lujo de usar el auto que otra persona había dejado en sus manos, para que se lo arreglara, para cometer uno de sus “ring y raje” de sus compras con pagos falsos. Entraba a los locales, tomaba mercadería, simulaba abonarla con comprobantes truchos y se esfumaba del lugar antes de que los empleados o dueños de los negocios se dieran cuenta de que habían sido timados.

Como nunca fue a tribunales, lo hicieron por las malas y ordenaron su detención. Lo imputaron por ocho estafas y el fiscal ya le anticipó que pedirá su prisión preventiva, porque está convencido de que apenas sea liberado escapará. Sostienen que actuó con una cómplice que tampoco se presentó.

En la audiencia de formulación de cargos, Bazla Cassina, junto a la fiscal Nayla Cabrera Muñoz, señalaron que todos los engaños tuvieron la misma dinámica. Aquel en el que utilizó un coche ajeno le significó una calificación más gravosa del delito y por ese caso lo imputaron por “estafa por abuso de confianza”. “Con ese vehículo se acercó hasta alguno de los locales comerciales para luego dejarlo abandonado en una estación de servicio, chocado y sin la batería”, contó uno de los funcionarios públicos.

Mencionaron, en orden cronológico, los delitos. El primero ocurrió el 4 de enero de 2024. El dueño de un vehículo, marca Peugeot, se comunicó con Kifer porque tenía un problema mecánico. Engañándolo con sus palabras, consiguió que el propietario del rodado se lo dejara. Luego lo empleó como medio de movilidad para su primera estafa, plantearon.

Al día siguiente entró a una química, situada en Presidente Perón al 1500. Allí compró varios productos. Aseguró que “había realizado el pago por transferencia, pero cuando la vendedora le dijo que aguardara que se acreditara el pago, se retiró con los productos”, contó uno de los fiscales. Explicaron que la estafa quedó configurada porque, a través de un engaño, el sospechoso “obtuvo un beneficio económico, en perjuicio del comerciante”.

Ese día no se detuvo. Alrededor de las 18:10 hizo lo mismo en una casa de repuestos de motos dos veces. Al cabo de un instante, el damnificado se dio cuenta de que el comprobante que le exhibió Kifer era trucho. Salió a buscar al ahora imputado y cuando lo interceptó en la calle le devolvió dos de los elementos que no pagó. Pero luego escapó.

Un mes más tarde, el 6 de febrero, con la misma metodología, se hizo de la mercadería de una carnicería, ubicada en la avenida 25 de Mayo. A los meses, el 27 de junio, “se apoderó de diferentes elementos en un kiosco de Pizarro y Sargento Baigorria”, relataron. Allí también simuló comprar productos y presentó uno de sus recibos de fantasía por un monto de 10 mil pesos.

El 22 de octubre, según la teoría fiscal, el imputado volvió a tomar a otra víctima en un negocio de calle Balcarce al 638. Esa vez fue por 44.700 pesos. Y un mes y medio después, el 14 de diciembre del 2024, Kifer engañó a otro comerciante del barrio 960 Viviendas por 46.661 pesos.

resentó en locales de diferentes rubros y compró mercadería que pagaba con comprobantes falsos. En uno de los robos utilizó el auto que un hombre le había dejado para que reparara. Luego lo abandonó en una estación de servicio, lo dejó chocado y sin la batería.

 

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