«A mí por más que me digan 20 veces ‘matate’ no me voy a matar», dijo el abogado de la pareja de Yohana

Redaccion
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Cuando Lucas Federico Gatica, la pareja de Yohana Pamela Escudero, la mujer cuya muerte es un misterio, decidió hablar por los medios de comunicación no estuvo solo, lo acompañó uno de sus abogados, Damián Bueno. La idea era de que el hombre al cual la familia de la mujer fallecida lo considera su femicida y toda una sociedad ya le dictó un veredicto, es decir, culpable de matar a su esposa, diera su versión. Pero, al final, el que terminó explayándose verbalmente más fue su asesor legal y en ese mar de argumentos, que a la prensa le regaló varios títulos, cometió algún que otro yerro. Unos días antes Vicente Cuesta, el abogado de los Escudero, había hablado de que, a su manera de ver, en la investigación había tres hipótesis fuertes: suicidio, suicidio inducido y femicidio.

Bueno, en su papel de representante de Gatica, por supuesto negó que su cliente haya asesinado a su pareja. Es más, hizo hincapié en que en toda esta historia él es una víctima de esa condena que ya se dio en cada casa de Villa Mercedes y hasta de la provincia y en ninguna que haya determinado todavía la Justicia. Luego, en una especie de breve masterclass de derecho, dijo que el «suicidio inducido» no existe en Argentina y metió a Estados Unidos en el medio, como si su presidente, de extraño peinado batido y piel de zanahoria, ya no tuviera suficientemente la nariz metida en todo el globo.

«La figura del suicidio inducido en Argentina no existe, como sí existe el suicidio asistido en Estados Unidos», dijo y mezcló los tantos. «A mí por más que me digan veinte veces ‘matate’ no me voy a matar», le agregó y dejó a oscuras su supuesta aclaración.

«Dicen por ahí que el señor Gatica la indujo (a su pareja) o ha inducido a un suicidio. Esa figura penal en Argentina no existe, no es un delito», dijo refiriéndose a una de las teorías esbozadas por Cuesta. Cuando el abogado de los Escudero habló de suicidio inducido aludía a la instigación al suicidio. Este medio le consultó a otra profesional del derecho al respecto y la letrada explicó que la instigación al suicidio o ayuda al suicidio sí está contemplada en el Código Penal Argentino en el Artículo 83. El cual establece la «prisión de uno a cuatro años al que instigare a otro al suicidio o le ayudara a cometerlo, si el suicidio se hubiese tentado o consumado».

El suicidio asistido implica que la persona toma la decisión final y ejecuta el acto. Lo hace, por lo general, con ayuda de médicos que le suministran los fármacos necesarios. Es una manera de conservar el control sobre el final de la propia vida, en condiciones de acompañamiento y evaluación profesional. El suicidio asistido existe en Suiza y en un puñado de estados del país yankee. Pero eso está muy lejos del «suicidio inducido» que mencionó o quiso decir Cuesta con una de sus tres hipótesis, de la cual algunas personas se hicieron eco porque, en verdad, no pueden entender lo que pasó en la casa de Yohana el lunes 19.

Su cuerpo inerte colgaba de un largo cable que había sido amarrado a la claraboya del alto techo del baño. Dejado de su cadáver, con los pies casi posados sobre el asiento, había una silla. Los Escudero conocen el sanitario de esa vivienda y sus dimensiones. Sostienen que su techo está a más de tres metros del suelo, ni arriba de la silla la mujer de 36 años era capaz de alcanzar el ventiluz. Ellos dicen que el cuerpo tenía golpes en el rostro y en los brazos. En esas extremidades superiores los moretones parecían hechos por la presión de las yemas de los dedos de dos manos.

Además de eso, la familia afirma a sangre que no hay manera de que se hubiera quitado la vida ya que a Yohana justamente le gustaba vivir, hacer, salir, disfrutar y jamás le haría hecho eso a sus dos hijos de cinco y 14 años, quienes estaban en el domicilio en ese momento y a los que amaba con todo su ser y ahora solo puede hacerlo con su alma.

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