En la provincia hay cinco especies ponzoñosas; hay una de ellas que su veneno tiene acción rápida. Los alacranes, otro peligro al que estar atento.
Ir al río, hacer un trekking por los tupidos cerros de la provincia o simplemente salir al patio en alguna localidad agreste en la época de calor debe sumarse una protección: estar alerta ante las serpientes. Desde la secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable alertaron que hay cinco especies venenosas y resaltaron la importancia de asumir un rol activo en la convivencia responsable con la fauna local.
Según un relevamiento del Instituto Nacional de Protección Biológica, en la región la serpientes venenosa que causa el 95% de los accidentes es la yarará en sus tres variantes: chica, también conocida como overa o cabeza de candado; la grande, llamada urutú o víbora de la cruz, es otra de las más comunes y puede alcanzar un tamaño de 1,80 metros; y la ñata, por la protuberancia que caracteriza su nariz.
A estas se le suma la cascabel, fácilmente identificable por el característico “sonajero” en la punta de la cola. Es causante de solo el 3% de todos los accidentes a nivel nacional. Por último está la coral, reconocida por sus tonos vibrantes en forma de anillos rojo, blanco y negro y no son agresivas, si bien su veneno es muy potente, no es común el envenenamiento.
“Distinguir una serpiente venenosa de una que no lo es es muy difícil. Las características anatómicas para diferenciarlas requieren mucho conocimiento de biología, como la forma de las escamas o la presencia de fosas entre el ojo y la nariz. En algunos casos se menciona el color de la panza, si es blanco, pero no es una regla que se cumpla siempre. Además, para observar estos detalles habría que manipular al animal, lo cual representa un peligro”, explicó la bióloga Lara Denápole, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.
La especialista recomendó que ante el avistamiento de cualquier serpiente, sea o no venenosa, hay que mantenerse a una distancia prudente y llamar a Fauna, Policía Ambiental o Bomberos.
Denápole explicó que los lugares de preferencia de los ofidios son los lugares bajo la sombra o piedras, en montones de leña o en depósitos y espacios donde se almacenan objetos. También suelen aparecer cerca de zonas con abundancia de presas, como roedores. Además, son amigas del agua. No es extraño ver que crucen ríos o diques. “Se han visto yararás cruzando el dique La Florida o en el río”, contó.
Qué hacer si me pica una serpiente
Las recomendaciones al momento de estar al aire libre o en una zona agreste, mirar siempre por dónde se camina, evitar meter la mano en lugares cerrados sin revisar, no intentar espantarlas ni tocarlas.
Si una serpiente muerde a una persona lo que se debe hacer es mantener la calma, cuanto más rápido late el corazón, más rápido circula el veneno; no tocar la herida, no cortar, no chupar, no hacer torniquetes; y trasladarse lo antes posible a un hospital, no a una salita de primeros auxilios.
“No es necesario capturar al animal. En el hospital se puede aplicar un antiofídico polivalente, cuando no se conozca la especie. El veneno más peligroso es el de la serpiente coral, que tiene una acción más rápida. En ese caso, el tiempo de atención es más reducido, alrededor de cuatro horas”, aclaró la bióloga.
Los antiofídicos no se aplican en salitas de primeros auxilios, ya que generalmente se encuentran únicamente en el Hospital Central. Esto se debe a que son distribuidos por el Instituto Malbrán y requieren de médicos capacitados para su correcta aplicación y seguimiento. Además, en algunos casos las personas pueden presentar reacciones alérgicas al antiofídico, lo que sin supervisión médica adecuada puede resultar fatal.
“Si una persona mordida por una serpiente acude primero a una salita, será derivada en ambulancia a un hospital que cuente con la infraestructura y el personal especializado necesarios”, detalló.
Lampalagua, la anaconda puntana
Es relativamente común encontrarse con lampalaguas, que pueden alcanzar entre dos y tres metros de longitud, una característica que suele generar impresión. Se trata de serpientes no venenosas y de tipo constrictor. Para alimentarse, envuelven su cuerpo alrededor de la presa —generalmente conejos u otros animales pequeños— y ejercen presión con sus músculos hasta asfixiarla, para luego ingerirla, lo que explica su gran tamaño y fuerza.
“No son agresivas y no representan un peligro para las personas: solo podrían morder si se sienten molestadas, pero al no poseer veneno, no provocan envenenamiento ni lesiones graves. Además, es extremadamente poco probable que se enrosquen en una persona, ya que no presentan conductas de ataque hacia los seres humanos”, completó Denápole.
Alacranes, más venenosos que las serpientes
En la provincia existen varias especies de alacranes, algunas de ellas venenosas, que requieren especial cuidado, sobre todo en personas con enfermedades cardíacas, adultos mayores y bebés o niños pequeños, ya que en estos casos una picadura puede resultar grave e incluso mortal.
Estos animales pueden ingresar a las viviendas a través de cañerías, por puertas o ventanas abiertas, o escondiéndose en zapatos, roperos, camas y cunas. Para prevenir su presencia se recomienda mantener puertas y ventanas cerradas, colocar rejillas de protección en los desagües, revisar y sacudir el calzado antes de usarlo, sacudir sábanas y ropa de cama antes de acostarse, revisar cunas y camas de niños y evitar caminar descalzo.
En cuanto a los mitos, no existe un veneno residual eficaz que funcione como barrera alrededor de la casa, ni está comprobado que las plantas aromáticas ahuyenten a los alacranes. La medida más efectiva es eliminar su fuente de alimento, principalmente las cucarachas, ya que donde hay cucarachas es más probable que aparezcan estos arácnidos.
Los alacranes pueden encontrarse tanto en zonas urbanas como rurales; en algunos sectores, como La Punta u otras áreas específicas, se registran más casos, aunque la mayoría de los ejemplares que aparecen no son venenosos.
“Aun así, la picadura puede doler, generar inflamación o una roncha, aunque no implique envenenamiento. El alacrán venenoso es difícil identificarlo sin conocimiento previo, no es tanto por el color, sino por la forma ya que suelen tener pinzas más finas y alargadas y el aguijón presenta dos espinas: una principal y otra más pequeña”, aclaró.