En la semana que siguió al cimbronazo anímico que significó, para todos los argentinos, la derrota ante España en la final del mundial de futbol, el gobierno de Javier Milei aceleró su estrategia política y económica, con la vista puesta en la reelección presidencial. La presencia de Karina Milei en la reunión con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, en Casa Rosada, llamó la atención en la firma de traspaso de una ruta nacional, la 012, a la órbita de la provincia que conduce el dirigente surgido en la UCR. La consigna fue clara: más allá de la presencia del jefe de gabinete, Diego Santilli, negociador designado con los gobernadores, y la del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, es la secretaria general de la Presidencia quien estará al frente del ida y vuelta con los mandatarios provinciales, cruciales para la aprobación de leyes que el Gobierno considera centrales para dar sus próximos pasos.
No se trata, por el momento, de objetivos sencillos. La reforma electoral, que condiciona a los partidos chicos con más exigencias –se necesitarán, en caso de aprobarse, reconocimientos legales en diez provincias para presentar candidato a presidente-tiene como objetivo prioritario la eliminación, o al menos la suspensión, de las Paso, una herramienta que los distintos conglomerados opositores necesitan como el agua para ordenar sus internas y poder sumar aliados en la búsqueda de ampliar sus chances de triunfo. Los últimos datos enviados desde el Congreso hacia la Casa Rosada hablan de una situación precaria. Los votos en el Senado, que busca la presidenta del bloque libertario en la Cámara alta, Patricia Bullrich, no están garantizados, al igual que para el proyecto de ley de Propiedad Privada (que incluye la autorización de venta de tierras a extranjeros), ambos por las mismas razones: los gobernadores, al igual que el Poder Ejecutivo, leen las mismas encuestas, y se suben el precio.
Según la proyección que realiza la fundación CiGob, actualizada al 21 de julio y que toma como base 121 encuestas, un 39,2 por ciento de los consultados aprueba la gestión presidencial y un 56,2 por ciento desaprueba, con el 5,6 restante sin definición. Cuando la consulta gira hacia la intención de voto, Milei cosecha algo menos del 35 por ciento (34,4), siete puntos por encima del candidato del peronismo, aún por definirse pero con el gobernador bonaerense Axel Kicillof con las mayores chances.
Traducido a la arena política concreta, Milei representa de manera holgada la primera minoría nacional, aunque está muy lejos hoy de alcanzar el 45 por ciento de los votos, número con el que evitaría el ballotage y se aseguraría su reelección. También le falta, de acuerdo a esos datos, un buen trecho para llegar al 40 por ciento con al menos diez puntos de diferencia sobre el segundo contendiente, la vía alternativa prevista en la ley electoral para la continuidad del proyecto libertario. Conclusión: un ballotage entre Milei y Kicillof es, hoy por hoy, el escenario con mayores probabilidades, un dato que genera renovada inquietud en los mercados, aún a 17 meses de distancia de las próximas elecciones.
El estancamiento (o retracción) del consumo masivo (bajó un 2,7 por ciento interanual según la consultora Scentia) es una señal concreta de la dificultad que tiene el gobierno para extender el crecimiento de algunos sectores (energía, agro, minería) a todos los sectores de la economía. ¿Dólar a 1800? El “fallido” del portavoz presidencial Adrián Ravier en una entrevista vía streaming generó enojo en la cercanías del ministro de Economía y fue desmentido desde el Gobierno, pero la idea de “reactivar” para mejorar el vínculo con la sociedad está en la mente de muchos altos funcionarios.
Con esos datos sobre la mesa, son varios los gobernadores aliados que suben la apuesta y reclaman más obra pública, autorizaciones de endeudamiento y hasta apoyo a sus proyectos locales de reelección. Desde Balcarce 50, con los tonos amables de Santilli y los menos cordiales de Karina Milei, dejan trascender que no habrá apoyo si no salen antes las leyes que el Poder Ejecutivo le reclama al parlamento.
Metido de lleno en su proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, cuyo declarado objetivo es prohibir la asistencia de ese organismo al Tesoro y “pulverizar” la inflación, Milei aprovechó su viaje a San Pablo para incomodar, otra vez, a su vecino más poderoso: el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. “En Argentina tenemos el riesgo Kuka, acá tienen el riesgo Lula”, dijo el Presidente cuando le tocó hablar en la entusiasta convención del Partido Liberal que proclamó a Flávio Bolsonaro como el candidato presidencial derechista para competir contra Lula, quien buscará su reelección, el 4 de octubre. La intención de “liderar” una región poblada de presidentes del mismo signo ideológico es clara, y explica los próximos viajes de Milei a la asunción de Keiko Fujimori como nueva presidenta de Perú, el martes 28 de julio, y Abelardo de la Espriella, que asumirá como presidente de Colombia el 7 de agosto, con previo paso por Ecuador, para visitar a su aliado, el presidente Daniel Noboa.
Cerca de la ex presidenta Cristina Kirchner coincidieron, por una vez, con el sector de Kicillof, y calificaron de “agravios” las apelaciones de Milei hacia el gobierno brasileño y la “basura socialista”. Más allá de su apoyo común hacia Lula, convertido en el último freno al avance de gobiernos alineados con Donald Trump en la región, la interna entre la ex mandataria y su pretendido delfín corre el riesgo de acelerarse, a caballo de la intención del gobernador bonaerense de asegurarse apoyo territorial, en iniciativas polémicas como el aval a la reelección indefinida de los intendentes bonaerense, hasta hoy prohibida por una ley provincial impulsada por María Eugenia Vidal como gobernadora bonaerense de Pro, hace ya una década, en 2016.

